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Un refrigerador, una oveja y la vida abundante - Con Diseño Divino - La Semana del 11 de Noviembre

Con Diseño Divino

 

Un refrigerador, una oveja y la vida abundante

De la Palabra de Dios:“Una vez reunido su propio rebaño, camina delante de las ovejas, y ellas lo siguen porque conocen su voz” (Juan 10:4).

Un tiempo atrás el refrigerador de mi casa sufrió una avería. De pronto ya no salía agua por el dispensador, ni tampoco hielo. Era frustrante apretar el contacto y ver que no pasaba nada…el vaso quedaba vacío, no podía tomar agua fría, y tenía sed. Durante el proceso de arreglarlo tuvimos que regresar a la manera tradicional: llenar una jarra de agua y ponerla a enfriar.

Y mientras todo eso pasaba, este pensamiento vino a mi mente: así mismo actuamos a veces en nuestra relación con Dios, nos paramos frente a él, a esperar que nos llene el vaso, justo cuando queremos. Y si no sucede, nos quedamos frustradas.

Sustituye el vaso por un deseo que no se cumple, un sueño que no se logra, un trabajo que no llega, un esposo que no tienes, el deseo insatisfecho de ser mamá… Y vemos a Dios como una máquina dispensadora: yo echo la moneda, tú me das lo que quiero. Puede parecer exagerado, pero la realidad es que muchas veces nos comportamos así.

Sí, Dios nos ama y tiene reservadas para nosotros bendiciones increíbles, pero la meta final de Dios no es cumplir nuestra lista de deseos. No fue para eso que Jesús murió en la cruz. Fue para darnos salvación y una vida abundante; vida que va mucho más allá de satisfacer deseos que tantas veces son egoístas.

¿Qué es entonces la vida abundante? Como siempre, en la Biblia no podemos leer un versículo fuera de su contexto. Juan 10 es el capítulo donde aparece el pasaje sobre la vida abundante que tanto citamos, y que de hecho es el centro del mensaje que Dios me ha llamado a compartir. Sin embargo, si lees el contexto, este pasaje nos habla de la relación del Buen Pastor con sus ovejas. No tengo todo el espacio necesario para estudiarlo a profundidad, pero pensemos un poco.

El tema era muy familiar para el público que escuchaba a Jesús porque el pastoreo de ovejas era un trabajo común entre las familias judías. Ellos sabían bien cómo se comportaban las ovejas, cómo reconocían al pastor, y sabían también que debían cuidarlas de los ladrones humanos, y de las fieras.

La vida abundante es una vida de relación estrecha con el Buen Pastor al punto de poder reconocer siempre su voz, por encima de todas las demás. Ellas saben que el Pastor las llamará por su nombre. Le siguen y le obedecen porque reconocen que ese Pastor representa su seguridad, su bienestar. Y la vida con él es abundante. Estas ovejas saben que con él “se moverá[n] con entera libertad, y hallará[n] pastos” (Juan 10:9).

En eso consiste la vida abundante, mi querida lectora. En conocer al Buen Pastor que sabe qué es lo mejor para ti y te llevará a un campo de pastos buenos y seguros. Pero tú y yo tenemos que aprender a conocer su voz, a diferenciarla, y a seguirle, sea como sea e independientemente de lo que pensemos.

Las ovejas no discuten con el pastor, no cuestionan si el pasto al que las lleva será bueno o no. Ellas le siguen confiadas porque entienden que no hay otra vida mejor.

¿Somos nosotras ovejitas así? Estamos siguiendo al Pastor fielmente, sin cuestionar. ¿O somos como yo frente a mi refrigerador, con el vaso vacío y un tanto frustrada porque no salió el agua cuando quería?

Si queremos la verdadera vida abundante tenemos que entender esa verdad. Se trata de la relación con Jesús. De una relación que nos llena tanto, de un pasto tan verde y fresco, que todo lo demás palidece. De una vida tan segura que los ladrones de la noche no nos quitan el sueño, pero estamos alertas. Se trata de entender que conocer a Dios no es tachar los deseos de mi lista, no es pararme ante un dispensador para que llene mi vaso. Se trata de dejar que sus deseos se cumplan en mí. De prestar atención a su voz y confiar en que el vaso se llenará cuando él lo disponga.

Ah, en cuanto a mi refrigerador, gracias a Dios mi esposo lo arregló. El agua y el hielo ya salen, pero la lección todavía tengo que ponerla en práctica cada día. Y recordar que soy una oveja que sigue al Pastor. 

¡Vivamos como Dios lo diseñó!

Wendy 

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© 2015 Wendy Bello

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