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Crónica de un corazón agradecido - Con Diseño Divino - La Semana del 25 de Noviembre

Con Diseño Divino

 

Crónica de un corazón agradecido

De la Palabra de Dios: “Te daré gracias, Señor, en medio de toda la gente; cantaré tus alabanzas entre las naciones”, (Salmos 57:9).

Porque hoy es el último miércoles de noviembre y mañana en muchos hogares celebraremos el “Día de acción de gracias”, quiero compartir contigo un testimonio, la crónica de un corazón agradecido.

Cuando el auto en que viajábamos parte de las participantes en el retiro finalmente llegó a la carretera que desciende al valle, yo apenas podía contener la emoción. ¡Tantas veces había recorrido ese camino!

Fue allí, cuando tenía 16 años, que Dios por primera vez me llamó a consagrarle mi vida… y ahora, más de dos décadas después, regresaba a cumplir con aquel llamado. Estuve en el Campamento de la Convención Bautista de Cuba Occidental como conferencista de su retiro anual de femeniles. Hablamos de cambiar nuestro vestuario, una renovación del clóset del alma. ¡Y sí que la necesitamos!

Lo que Dios hizo en aquel lugar no alcanzo a expresarlo en palabras, es difícil decir con letras lo que solo entiende el corazón, pero sí te puedo asegurar que cada uno de mis poros transpira gratitud.

¿Sabes? Son las carencias y las ausencias lo que genera una pasión incomparable por Aquel que todo lo tiene y todo lo suple. Escuchar el coro de unas 200 voces femeninas inundar el silencio del valle con sus alabanzas hacía que mis ojos se llenaran de lágrimas. ¡No siempre escucho esa pasión en el aire acondicionado y las comodidades del primer mundo! Y por favor, entiéndeme, no estoy juzgando, solo que en verdad el tenerlo todo, o casi todo, a veces nos enfría el alma.

Aquellos palmares fueron testigos de oraciones que tocan sin cansarse las puertas del cielo y claman por esperanza, pero sobre todo, por salvación.

Los rincones escucharon peticiones sinceras, profundas. El viento se paseó entre corazones que de rodillas ante la presencia de Dios hacían un pacto de entrega y rendición.

Hice varias oraciones antes de irme a Cuba, pero una de ellas no dejó mi mente ni un instante: Dios, toca las vidas, hazte presente, que no nos vayamos igual que como vinimos. Solo puedo decirte algo: Él escuchó.

Sí, cuando uno viaja a un lugar así el motivo número uno es ser de bendición para otros, pero pronto nos damos cuenta de que el proceso se invierte. Nos vamos bendecidos, más que bendecidos.  Las sonrisas, los abrazos, las lágrimas, los saludos, las palabras, se convierten en regalos a los que nadie puede poner precio y artículos que no caben en ninguna maleta, solo la del corazón.

Me fui a Cuba con un equipaje y regresé con otro. Regresé con el compromiso de orar por una muchacha que es, literalmente, un milagro caminante. Regresé con la convicción de que tenemos mucho más de lo que creemos necesitar. Regresé muda ante la bondad de Dios. Regresé con la certeza, una vez más, de que el Señor es quien guarda nuestra salida y nuestra entrada. Regresé con canciones que ahora para siempre me recordarán a Cuba. Regresé con la imagen vívida de un amanecer incomparable. Regresé con amigas nuevas. Regresé con recuerdos indelebles de momentos compartidos con amigas de siempre. Pero más que nada, regresé convencida de que no importa cuán diferentes sean nuestras circunstancias, nuestro Dios es el mismo, y nuestras vidas tienen en común mucho más de lo que imaginamos.

Los caminos de Dios son realmente sorprendentes. ¡No fue casualidad que este viaje coincidiera con el mes de noviembre y el desafío a dar gracias! Este viaje me ha dado motivos de sobra para agradecer; tanto así que, aunque lo intento, no encuentro más palabras.

¡Vivamos agradecidas, como Dios lo diseñó!

Wendy 

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© 2015 Wendy Bello

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