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Con Diseño Divino - La Semana del 22 de Octubre

Con Diseño Divino

En busca del tesoro

De la Palabra de Dios: “Me levanto temprano, antes de que salga el sol; clamo en busca de ayuda y pongo mi esperanza en tus palabras” (salmos 119:147, NTV).

Mientras estaba de vacaciones hace poco salí temprano una mañana con mi hija a recoger caracoles por la playa. El sol ya calentaba y las olas tranquilas llegaban a la orilla y nos regalaban ese sonido que tanto me gusta. Junto a nosotras había algunos pocos bañistas, y mientras nos inclinábamos a recoger las conchas, por nuestro lado pasaban otros que prefieren esa hora del día para correr y hacer ejercicios. Recogimos varios caracoles, los enjuagamos, nos mojamos los pies en el agua tibia del Golfo y regresamos a nuestra casa temporal.

Durante el día yo pensé varias veces en otras personas que también vi en la playa esa mañana. Caminaban despacio, de un lado a otro, buscando en la arena algo de valor con un detector de metales. Pensé en ellos y también en nosotras, mi hija y yo, caminando muy temprano, un día de vacaciones, en busca de lindos caracoles o algún otro regalo que el mar hubiera traído. Y pensé en mi vida cotidiana, en cuántas veces lucho para salir de la cama en busca de un tesoro, algo de mucho valor que Dios nos prepara cada día si tan solo hacemos el tiempo de buscarlo.

David, el rey cantor de Israel, entendió que hay algo muy especial al buscar a Dios temprano en la mañana:

“Dios mío, ¡tú eres mi Dios!
Yo te buscaré de madrugada.
Mi alma desfallece de sed por ti;
mi ser entero te busca con ansias…
con deseos de ver tu poder y tu gloria,
como los he mirado en el santuario.” (Salmos 63:1, RVR 1960)

Él sabía que el mismo Dios que nos visita con tanto poder y gloria los domingos en el templo donde nos congregamos, nos espera también de madrugada, y ahí en el silencio y la quietud, a solas con él, nos revela otra vez su poder y su gloria.

Por eso me quedé pensando aquel día, porque quiero tener la misma disposición para encontrarme con Él, con el tesoro más grande, cada mañana. Quiero empezar cada día con más sed de él que de la taza de café que tanto disfruto. Buscarle con más ansias que las que tal vez experimento cuando me siento frente a este teclado donde ahora escribo estas palabras, o por revisar mi buzón de correo electrónico, o ver las últimas noticias de amigos en Facebook.

Buscar a Dios en la mañana no es un ritual, si así lo hago, o si lo hago para marcar algo más en mi lista de cosas por hacer, perdí todo el sentido del encuentro. Es una cita con un Amigo especial a quien quiero conocer más cada día y de quien a la vez dependo para poder enfrentar lo que sea que tengo por delante.

¿Y por qué en la mañana? Porque quiero regalarle lo mejor de mí, en la noche el cansancio me vence y mi mente ya no está alerta. En la mañana, antes de que los afanes del día ocupen todo mi tiempo.

El día en que recogí caracoles con mi hija en realidad el mayor tesoro que me llevé fue el tiempo que pasé con ella, la alegría de ver sus ojos iluminarse cuando encontraba una concha especial. Y sobre todo, escuchar sus palabras al final: “Mami, gracias por venir conmigo a buscar caracoles”. Fue el tiempo que le dediqué lo que hizo que yo pudiera llevarme ese tesoro.

Con Dios me pasa igual, cuando dedico tiempo a estar con él también me llevó un tesoro y sé que en su rostro hay una sonrisa porque igual que mi hija, él estaba esperando el momento y disfrutó el tiempo que pasamos juntos. ¿Ya buscaste tu tesoro hoy?

No te pierdas disfrutar algo que Dios ha diseñado especialmente para tu encuentro con él,

Wendy        

Si quieres aprender más sobre el diseño divino para tu vida, te invito a visitar: www.wendybello.com

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