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Con Diseño Divino - La Semana del 20 de Mayo

Con Diseño Divino

¡Cuidado no destruyas tu casa!

De la Palabra de Dios:“Es mejor vivir solo en el desierto que con una esposa que se queja y busca pleitos” (Proverbios 21:19).

Lamentablemente muchas veces la destrucción de un hogar viene por nuestras propias manos. ¿Cómo? De muchas maneras, algunas más sutiles que otras. Hoy voy ponerte un par de ejemplos comunes: las quejas y los pleitos.

Cuando tenemos un espíritu quejoso y buscapleitos estamos dando pie a que nuestro hogar se tambalee. Es muy difícil vivir en compañía de alguien que constantemente pelea o se queja. Lee el proverbio del principio. Tengo que confesar he sido culpable de esto en más de una ocasión. Y reconozco también que no es un cuadro lindo ni digno de ser observado.

Para empezar, Dios detesta la queja. Si te quedan dudas, haz una búsqueda de todas las veces que aparece la palabra queja en la Biblia y verás en cuántas ocasiones Dios se molestó con el pueblo de Israel por este asunto. Tú y yo muchas veces somos como ellos. La raíz de la queja en gran medida es la ingratitud. Pero Dios nos dice en su Palabra que el que le ofrece gratitud, le honra (Salmos 50:23). De modo que lo contrario también se cumple, cuando somos ingratas, deshonramos a Dios. ¡Dejemos de ser mujeres quejosas!

Si no trabajas fuera de casa, ten cuidado de no convertir la hora en que tu esposo llega del trabajo en un recital de quejas: de los niños, del trabajo de la casa, del cansancio, etc. Y si trabajas fuera de casa, lo mismo. Después de estar separados por más de ocho horas, ese encuentro en la tarde debe ser algo que tu esposo anhele y no algo a lo que tema o le huya. ¿Quiere decir que si hay problemas no los van a tratar? ¡Claro que no! Pero es muy diferente conversar un problema a presentar un repertorio de quejas.

Nuestra actitud influye en gran manera en el resto de nuestra familia. Ya que por lo general pasamos más tiempo con nuestros hijos, ellos observarán nuestra conducta muy de cerca. Si ven en nosotras una persona que vive agradecida a Dios por sus bendiciones, ellos aprenderán ese estilo de vida. Si por el contrario ven en nosotras insatisfacción y queja constantes… ¿adivina en qué se convertirán cuando sean adultos? ¡Exacto! Nuestro ejemplo será mucho mejor que mil sermones.

¿Quieres una idea para cultivar un espíritu de gratitud y desterrar el mal de la queja? Crea un diario de gratitud, una libreta donde anotes cada día razones para estar agradecida. Al principio pudiera parecer difícil pero, como todo, la práctica hará que se convierta en hábito.

Este año decidí hacerlo con mis hijos y cada noche, antes de dormir, ellos anotan en sus libretas tres razones por las que dan gracias a Dios y luego las comparten con nosotros.

Ten paciencia si no ves resultados inmediatos, pero no te rindas. Recuerda que al hacerlo estarás honrando a Dios.

En cuanto a lo de los pleitos, en una ocasión el Espíritu Santo me reprendió fuertemente con este pasaje: “Abandonen toda amargura, ira y enojo, gritos y calumnias, y toda forma de malicia” (Efesios 4:31, NVI).

Las mujeres latinas somos por naturaleza un poco gritonas, seamos honestas. Muchas veces cuando algo nos desagrada, comenzamos a alzar la voz y antes de darnos cuenta, ya tenemos un gran pleito con mucha gritería. Sin embargo, ahora que conocemos a Cristo hemos sido llamadas a dejar este estilo de vida. ¿Difícil? Sí, pudiera serlo. No obstante, es un mandato y algo que nos beneficiará mucho si queremos edificar nuestro hogar y no destruirlo.

El Señor Jesús nos enseñó en el Sermón del Monte que los que buscan la paz son bendecidos. Busquemos la paz en nuestro hogar. Muchas veces las mujeres “armamos” un pleito por cualquier tontería. La mujer sabia busca la paz y escoge cómo enfrentar las diferencias sin que se conviertan en una pelea. En un hogar donde prevalecen las luchas y los pleitos, el enemigo gana ventaja. Seamos activas en este empeño.

¿Qué puedo hacer para fomentar la paz de mi hogar? Empecemos por orar por nuestra familia cada día, cada uno de sus miembros. Seamos pródigas en dar palabras de aliento y cariño, en mostrar sonrisas y prestar atención. Si lo analizamos, cada una de estas cosas es un acto pequeño en sí, pero el resultado que produce es grande. Analicemos si realmente lo que busco con “mi pleito” es una solución o simplemente tener la razón. En el caso de eso último, aunque supuestamente ganemos, muy pocas veces nos sentiremos contentas porque el rastro que dejamos fue doloroso.

No lo olvides, cualquiera puede construir una casa, pero solo la mujer sabia edifica un hogar.

Esta lectura forma parte de mi libro “Una mujer sabia”, disponible ya en amazon. Puedes leer todos los detalles haciendo clic aquí.

Vamos a vivir sabiamente, como Dios lo diseñó.

Wendy 

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